Supremos ángeles,
sombrías y refulgentes deidades
de la tierra y el cielo,
altos enigmas,
rojos y crueles hados del silencio
y de las brumas perpetuas,
gigantescos fantasmas lunares
que envenenan el mundo con su tóxica luz,
descomunales bestias que devoran
bestias ya de por sí descomunales
y de ellas se alimentan como de mosquitos,
dioses carnívoros,
dioses que comen dioses
y sólo crean la carne
para satisfacer su ilimitada, enferma gula